“No tengan miedo de correr riesgos…”
Hna. Gabriela Trinidad Murguía Aguilar fma
En la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, durante los días 13, 14 y
15 de septiembre, con sede en el Seminario Conciliar Inmaculada Concepción, se
realizó el II Encuentro Provincial de la Vida Consagrada, participando un
centenar de religiosas provenientes de las diócesis del Estado de Chiapas,
siendo estás acompañadas por sus respectivos Obispos.
La alegría, el sentido de fiesta, la oración y la fraternidad
caracterizó este encuentro, que se realiza cada dos años, con la finalidad de
dar impulso al caminar de la vida consagrada en las tres Diócesis que conforman
nuestro estado de Chiapas: Arquidiócesis de Tuxtla, Diócesis de San Cristóbal
de Las Casas y Diócesis de Tapachula.
Este año el encuentro tuvo como objetivo: impulsar la vivencia de
Carismas de la vida consagrada alimentada por la espiritualidad de la
encarnación, para ser presencia gozosa y alegre en el Pueblo de Dios. Las
líneas temáticas que se vivieron durante el encuentro fueron: - La presencia gozosa de la Vida Consagrada
en la Provincia.
- Compartir en forma festiva los carismas y profundizar desde la
teología la espiritualidad de la encarnación, desde Aparecida y
- La reflexión sobre la radicalidad del Evangelio, redescubriendo
nuestra misión.
Durante la primera jornada de trabajo, acompañaron el encuentro; Mons. José Luis Mendoza Corzo, Obispo Auxiliar de Tuxtla Gtz.; Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de la
Diócesis de San Cristóbal de Las Casas; Mons. Enrique Díaz Díaz Obispo
Auxiliar de la misma;
Mons. Leopoldo González González, Obispo de la diócesis
de Tapachula, dándonos la bienvenida Mons. Felipe Arizmendi Esquivel; exhortando
a vivir con intensidad y alegría este encuentro tan esperado y querido para la
Provincia, expresó que estábamos llamadas a vivir esta experiencia como “un
alma sola” con el gran espíritu de resurgir, de reformar, de compartir.
Durante la tarde se compartieron
los carismas de las más de 20 congregaciones religiosas presentes en el
encuentro, donde se convergió en lo siguiente: somos historias hilvanadas que
hoy se encuentran, que somos la representación del Dios de la vida con rostro
comunitario y que actualizamos hoy el carisma de los fundadores.
Durante la segunda jornada
de trabajo iluminó con la reflexión teológica el Arzobispo de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, Mons. Fabio Martínez
Castilla, abordando el tema: La vida consagrada como don del Espíritu a la
Iglesia de Jesús, exhortando a tener un solo tesoro: Dios. Dejando que el
corazón cada día viva en fidelidad creativa a la naturaleza propia de nuestro
llamado y de nuestra opción.
Por la tarde Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo
Auxiliar de la Diócesis
de San Cristóbal de Las Casas; profundizó sobre la Espiritualidad de la
Encarnación, para vivir la radicalidad evangélica la misión encomendada. Iluminó los contenidos
del tema con la profunda palabra de su Santidad Francisco, “No tengan miedo de
correr riesgos…”; invitó a imitar su
caridad y su sencillez ante la vida. Por la tarde se visitaron algunos lugares
históricos.
Por la noche se llevó a cabo la creativa fiesta con motivo de la Independencia de nuestro país, los colores, los ritmos y los carismas fueron motivo para recrear un espectáculo de fraternidad, alegría y entusiasmo.
Por la noche se llevó a cabo la creativa fiesta con motivo de la Independencia de nuestro país, los colores, los ritmos y los carismas fueron motivo para recrear un espectáculo de fraternidad, alegría y entusiasmo.
Durante la tercera jornada
de trabajo se reflexionó sobre el sentido de la espiritualidad de la
encarnación, dando paso ya a concretar nuestra reflexión y profundización,
obteniendo compromisos como Provincias y como diócesis.
Agradecemos infinitamente la
labor de nuestros Obispos, de la Vida Consagrada presente en Chiapas, quien da
vida a una Iglesia humana, en búsqueda
del bien común y de la sencillez de la vida.
La pluralidad de carismas,
la sencillez de la vida y el impulso a la feminidad religiosa fue la
experiencia que cada uno se llevó en el corazón, seguro renovado, con nuevos
horizontes y motivos de santidad, para ser signos del rostro Materno de Dios.